lunes, 22 de junio de 2009

Mañana es nunca

Es mentira que vivimos todos los días como si fuera el último. En cuanto a esto, nos caracteriza la falsedad: sabemos que la vida es un gran valor, a pesar del sufrimiento y la angustia que la caracterizan a veces, que en cualquier momento se puede terminar, ya que no sólo son los viejos o los enfermos los que se mueren, y sin embargo optamos por vivir a futuro, a largo plazo, como si esta fuera un constante esfuerzo, en aras del presente, por alcanzar las efímeras utopías de la mente. No deja de ser paradójico y algo irónico este proceder, ya que una vez cumplidos nuestros proyectos, se desvanecen. Y no es mi intención dar a entender que estos no son necesarios, todo lo contrario, son imprescindibles como el sentido que otorgamos a la vida, pero pueden transformarse en una ratonera para el alma si son capaces de escindir nuestra cabeza del presente, de las oportunidades de hoy, por un cebo que huele bien y esconde al mismo tiempo un estertor mortal. Nunca decimos ese “ te quiero”, jamás hablamos con quienes sabemos que debemos hacerlo; nos falta el valor, quizás por miedo a que nos adjetiven como los más bajos y estereotipados románticos cursileros, para dar un abrazo o resolver las deudas que tenemos con nosotros mismos y los demás. El tiempo pasa, indiferente como nosotros, y seguimos siendo los mismos imperturbables conmovidos de siempre que se lamentan en los velorios, besan la frente de sus muertos, y lloran pérdidas voluntarias. Tenemos las manos manchadas con los momentos que arrojamos a los pozos de las oportunidades futuras, y la cara sucia de lágrimas artificiales. Hoy es el último día de mi vida y de la tuya, porque es el último día que va a ser sólo este día, con todas las oportunidades que se presentaron y ya van a estar muertas mañana, tanto para apostar a nuestros proyectos como para equilibrar el presente con la dosis de vida consciente y humanidad que merece. Esta noche, el pájaro del sueño, que tanto se parece al búho de la muerte, va a posarse en tu almohada y la mía, y a dejarnos renacer al día siguiente, esperando que aprovechemos que sólo nos visita, por el momento, hasta la hora en que decida llevarnos entre sus alas.

miércoles, 10 de junio de 2009

No acepto


No acepto consejos de quien no ha sufrido

Amores, desengaños, frustraciones

Ni de quien cómodamente ha vivido

Al amparo de su mundo de ilusiones