lunes, 12 de octubre de 2009

Per me


"Per me si va ne la città dolente,

per me si va ne l'etterno dolore,

per me si va tra la perduta gente.

Giustizia mosse il mio alto fattore:

fecemi la divina podestate,

la somma sapienza e 'l primo amore.

Dinanzi a me non fuor cose create

se non etterne, e io etterno duro.

Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate"


“Por mi se va a la ciudad doliente,

por mi se va al eterno dolor,

por mi se va entre las almas perdidas.

La justicia movió a mi alto hacedor;

me creo el divino poder,la suprema sabiduría y el primer amor .

Antes de mi no fue creada cosa alguna

sino lo eterno y duro eternamente.

Dejen todas sus esperanzas, vosotros que entráis”


Dante Alighieri, La Divina Comedia, Inferno III.



En La Divina Comedia, el personaje de Dante emprende un camino al "otro mundo" para encontrar a su amada Beatriz, en un acto de arrojo amoroso sin precedentes: inicia un descenso al Infierno, incursiona en la colina del Purgatorio, y finaliza su travesía en una anábasis paradisíaca, donde ocurre el ansiado reencuentro.
Dejando de lado la ficción narrativa por un momento y centrándonos en la labor del Dante histórico, poeta, y humano, que había perdido a su Beatriz real, amante, de carne y hueso, se me antoja pensar en la Literatura como un camino a la recuperación del paraíso perdido y del amor eterno ¿Dónde mejor que encontrar el amor, anhelado o ausente, que dentro de nosotros mismos, quizás de nuestra memoria o imaginación? Después de todo, cuando nos enamoramos a primera vista sólo la superficie del objeto amado se presenta a nuestros ojos como letras a nuestra mirada. A partir de ahí todo es mágico, no porque seamos hechizados, sino porque nosotros conjuramos y adjudicamos cualidades que los objetos desconocidos no poseen, no sabemos si tienen, o necesitamos que posean. Somos nosotros amándo nuestra propia creación, a veces corroborada y reafirmada por la experiencia, otras frustada por ella . De manera similar, cuando leemos un libro que no nos atrae, ni identifica, o extrae de nuestro interior las imágenes de nuestra felicidad, nos aburrimos y lo abandonamos. A veces sucede incluso que, directamente, al pasar nuestros ojos por el título, no nos parece atractivo. Pero he aquí que cuando sólo pudimos leer el título y no consumar una lectura, cuando el objeto de deseo desaparece, estamos obligados a reponerlo, recrearlo, a atravesar el infierno, que se encuentra en nuestras profunidades deshabitadas de ilusiones, para purgarnos en el paraíso de la incertidumbre y finalmente alcanzar la luz, el entendimiento, el amor, nuestro perfecto y eterno objeto de deseo, ya no susceptible al paso del tiempo y la muerte.

4 comentarios:

  1. Hola
    Gracias por tu comentario!!!
    No me he leido la divina comedia aunque me gustaría.
    Me encanta Cortázar, Rayuela es mi novela favorita
    un saludo

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  2. Hola!!

    Ante todo: gracias por la visita y la anécdota.

    Y ahora, entrar y hallar a Dante, uff. Mucho.

    Leí la Comedia en mi 1º año de profesorado y supe que ya nada sería lo mismo. Sublime, absolutamente sublime.
    Y tu apartado sobre la literatura y esa analogía entre los libros y el amor me ha gustado mucho.

    Volveré...

    Saludos!

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  3. Tu pasión por la obra de Dante resulta contagiosa. Me ha encantado leerte, como tejes sentimientos... la sinceridad de tus palabras. Un saludo.

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  4. Gracias por detenerte en mi espacio y dejar tan bonitas palabras.

    Desde mi acorazado, te saludo.

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